Cuando una persona tiene migraña frecuente, es habitual que el foco esté puesto exclusivamente en el dolor. Sin embargo, existe otro componente que muchas veces pasa desapercibido: el estado de ánimo y la ansiedad pueden influir de manera importante en la frecuencia, intensidad y evolución de las cefaleas.
Y la relación funciona en ambos sentidos.
No significa que “el dolor esté en la cabeza”. Significa que el cerebro que procesa el dolor y el cerebro que regula el ánimo son, en buena medida, el mismo cerebro.
Migraña, ansiedad y depresión: una relación bidireccional
Las personas con migraña presentan con mayor frecuencia trastornos depresivos y de ansiedad que la población general.
Pero lo interesante es que la relación también ocurre al revés.
Las personas con depresión tienen aproximadamente tres veces más riesgo de desarrollar migraña, mientras que quienes tienen migraña presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar depresión.
Esto sugiere que no estamos simplemente frente a dos enfermedades que coinciden por casualidad.
Existe una interacción entre ambas.
¿Qué tan frecuente es esta asociación?
Es bastante frecuente.
En distintos estudios, los trastornos del ánimo se han encontrado en alrededor del 40% de las personas con migraña, y también son frecuentes en quienes presentan cefalea tensional.
En la migraña crónica, la ansiedad puede afectar aproximadamente a la mitad de los pacientes.
Además, pueden coexistir otros problemas como trastornos del sueño, estrés postraumático, consumo problemático de sustancias y otras condiciones de salud mental.
Por eso, cuando una persona tiene una cefalea muy frecuente, no basta con preguntar:
“¿Cuántos días le duele la cabeza?”
También es importante preguntar:
“¿Cómo ha estado emocionalmente?”
La depresión puede favorecer que la migraña se vuelva crónica
Este es uno de los puntos clínicamente más relevantes.
Una persona puede comenzar con una migraña episódica, es decir, ataques que aparecen algunos días al mes.
Con el tiempo, algunos pacientes desarrollan migraña crónica, con cefalea durante 15 o más días al mes.
La depresión es uno de los factores asociados a un mayor riesgo de esta transformación.
Por eso, detectar y tratar tempranamente los síntomas depresivos no solamente puede mejorar el bienestar emocional: también puede ser parte de la estrategia para evitar que la cefalea se vuelva cada vez más frecuente.
¿Por qué ocurre?
No existe un único mecanismo.
La migraña y los trastornos del ánimo comparten varios sistemas cerebrales involucrados en la regulación del dolor, las emociones, el estrés y la recompensa.
Entre ellos se encuentran:
- Sistemas de neurotransmisión serotoninérgica y dopaminérgica.
- El sistema límbico, relacionado con las emociones.
- La corteza prefrontal, involucrada en regulación emocional y cognitiva.
- El eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, relacionado con la respuesta al estrés.
- Mecanismos de sensibilización central, que pueden hacer que el sistema nervioso sea más sensible a estímulos dolorosos.
En términos simples: un cerebro sometido a estrés, ansiedad o depresión puede procesar el dolor de una manera diferente.
Y un cerebro sometido durante años a dolor recurrente también puede terminar afectando el ánimo.
Es un círculo que puede retroalimentarse.
Cuando hay depresión o ansiedad, la migraña puede ser más difícil de tratar
Los pacientes que presentan migraña asociada a depresión o ansiedad tienden a presentar:
- Mayor frecuencia de crisis.
- Mayor intensidad del dolor.
- Mayor discapacidad.
- Peor calidad de vida.
- Mayor riesgo de cronificación.
- Mayor dificultad para responder adecuadamente a algunos tratamientos.
Además, la ansiedad puede generar preocupación constante por el próximo ataque, mientras que la depresión puede reducir la motivación para mantener hábitos saludables y seguir adecuadamente un tratamiento.
Por eso, tratar solamente el dolor puede ser insuficiente.
El tratamiento debe mirar al paciente completo
Cuando una persona tiene migraña y además presenta ansiedad o depresión clínicamente relevantes, el tratamiento debería abordar ambas dimensiones.
Esto puede incluir:
Tratamiento preventivo de la migraña
Dependiendo del paciente, pueden utilizarse diferentes tratamientos preventivos farmacológicos y no farmacológicos.
Psicoterapia
La terapia cognitivo-conductual y otras intervenciones psicológicas pueden ser especialmente útiles para reducir ansiedad, mejorar estrategias de afrontamiento y disminuir el impacto de la cefalea.
Tratamiento farmacológico del trastorno del ánimo
En algunos pacientes pueden utilizarse antidepresivos que además tengan utilidad en determinados tipos de cefalea.
La elección debe individualizarse considerando el perfil completo del paciente: sueño, peso, ansiedad, otras enfermedades, medicamentos concomitantes y tipo de cefalea.
Hábitos y regulación del sistema nervioso
Dormir adecuadamente, mantener horarios relativamente regulares, realizar actividad física y reducir factores que favorecen la cronificación también forman parte del tratamiento.
No son “consejos de estilo de vida” como accesorio. En migraña son parte del tratamiento.
¿Y qué pasa con el trastorno bipolar?
Aquí hay que ser especialmente cuidadoso.
En pacientes con trastorno bipolar, determinados antidepresivos pueden favorecer la aparición de episodios de manía o hipomanía.
Por eso, no se debe tratar automáticamente la depresión de un paciente con migraña como si fuera una depresión aislada.
Cuando existe bipolaridad, la estrategia farmacológica debe ser individualizada y considerar estabilizadores del ánimo y tratamientos que puedan beneficiar también a la migraña cuando corresponda.
Una pregunta que deberíamos hacer más seguido
En una consulta de cefalea, preguntar solamente por el dolor puede dejar fuera una parte importante del problema.
Preguntas como:
- “¿Cómo ha estado su ánimo?”
- “¿Está disfrutando de las cosas que antes disfrutaba?”
- “¿Se siente constantemente preocupado?”
- “¿Cómo está durmiendo?”
- “¿El dolor le está haciendo evitar actividades?”
pueden entregar información tan importante como preguntar cuántos días al mes aparece la cefalea.
La idea clave
La depresión y la ansiedad no son simplemente consecuencias de tener migraña. También pueden contribuir a que la enfermedad sea más frecuente, intensa y difícil de tratar.
Por eso, cuando existe migraña frecuente, especialmente migraña crónica o cefalea por abuso de medicamentos, es importante evaluar activamente el estado de ánimo y la ansiedad.
Tratar la migraña y tratar la salud mental no son dos tratamientos separados.
En muchos pacientes, forman parte del mismo tratamiento.
No se trata de elegir entre tratar el dolor o tratar el ánimo. Se trata de tratar el cerebro que está generando ambos problemas.


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