Durante años, los ácidos grasos omega-3, especialmente EPA y DHA, han sido considerados potencialmente beneficiosos para la salud cerebral. Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre un mayor consumo de pescado u omega-3 y un menor riesgo de deterioro cognitivo.

Sin embargo, los resultados de los ensayos clínicos han sido mucho menos consistentes.

Un nuevo estudio publicado en 2026 aporta un dato llamativo: en una cohorte de adultos mayores, el uso de suplementos de omega-3 se asoció con una mayor velocidad de deterioro cognitivo durante el seguimiento.

Es importante interpretar estos resultados con cautela: el estudio no demuestra que los suplementos de omega-3 causen deterioro cognitivo.

¿Qué estudiaron?

Los investigadores utilizaron información de ADNI (Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative), una gran base de datos que sigue a personas mayores mediante evaluaciones cognitivas, resonancias magnéticas y estudios PET.

Inicialmente identificaron 1.814 participantes. Después de realizar un ajuste estadístico para hacer comparables a los grupos, analizaron:

  • 273 personas que utilizaban suplementos de omega-3.
  • 546 personas que no los utilizaban.
  • Edad mediana cercana a 73 años.
  • Seguimiento mediano de aproximadamente 5 años.

El suplemento utilizado con mayor frecuencia fue aceite de pescado.

Los participantes incluían personas cognitivamente normales, personas con quejas de memoria, deterioro cognitivo leve y algunos pacientes con enfermedad de Alzheimer.

¿Qué encontraron?

Durante el seguimiento, las personas que utilizaban omega-3 presentaron una mayor velocidad de deterioro en las pruebas cognitivas.

Los investigadores observaron:

  • Una disminución más rápida del MMSE.
  • Un aumento más rápido del ADAS-Cog13, que indica mayor deterioro cognitivo.
  • Un aumento más rápido del CDR-SB, otra medida de progresión clínica.

Todas estas asociaciones fueron estadísticamente significativas.

Dicho en términos sencillos:

En esta población, quienes tomaban suplementos de omega-3 mostraron una trayectoria cognitiva menos favorable que quienes no los tomaban.

Pero esto no significa que el omega-3 haya sido necesariamente la causa.

¿Qué pasó con el Alzheimer?

Esta es una de las partes más interesantes del estudio.

Los investigadores utilizaron diferentes técnicas de neuroimagen para estudiar si esta asociación podía explicarse por los mecanismos clásicos de la enfermedad de Alzheimer:

  • Depósito de beta-amiloide.
  • Acumulación de proteína tau.
  • Atrofia de sustancia gris.

No encontraron diferencias significativas asociadas al uso de omega-3 en ninguno de estos tres marcadores.

Por lo tanto, el posible efecto observado no parecía estar relacionado con una mayor acumulación de amiloide, tau o atrofia cerebral.

¿Entonces qué encontraron en las imágenes cerebrales?

Aquí aparece un hallazgo particularmente interesante.

Los participantes que utilizaban omega-3 presentaron una mayor disminución longitudinal del metabolismo cerebral de glucosa en regiones vulnerables a la enfermedad de Alzheimer, evaluado mediante FDG-PET.

El FDG-PET permite estudiar indirectamente el metabolismo cerebral y, en este contexto, una reducción del metabolismo puede ser compatible con alteraciones de la función neuronal y sináptica.

Los análisis de mediación sugirieron que esta reducción del metabolismo cerebral podría explicar una parte de la asociación entre el uso de omega-3 y el deterioro cognitivo.

Según los autores, el hipometabolismo mediante FDG explicó aproximadamente:

  • 31% de la asociación con el cambio del MMSE.
  • 41% de la asociación con ADAS-Cog13.
  • 19% de la asociación con CDR-SB.

Esto es interesante desde el punto de vista científico, pero no demuestra que el omega-3 produzca daño sináptico. Se trata de un análisis observacional de mediación y debe interpretarse como una posible explicación, no como una demostración causal.

¿Por qué podría ocurrir algo así?

Los autores plantean una hipótesis interesante.

Los omega-3, especialmente el DHA, son moléculas altamente insaturadas. Esto les permite participar en procesos importantes de las membranas celulares, pero también los hace susceptibles a la oxidación.

Los investigadores plantean que, bajo determinadas circunstancias, la oxidación de estos lípidos podría favorecer estrés oxidativo y alteraciones mitocondriales, potencialmente afectando la función energética neuronal.

Es una hipótesis biológica, no una conclusión demostrada por este estudio.

Además, los propios autores plantean que el efecto podría depender de factores como:

  • La dosis utilizada.
  • Los niveles basales de omega-3.
  • El estado de salud cerebral.
  • El nivel de estrés oxidativo.
  • La formulación específica del suplemento.
  • Las características individuales del paciente.

¿Significa esto que el omega-3 es malo para el cerebro?

No.

Esta es probablemente la conclusión más importante.

El estudio no permite afirmar que los suplementos de omega-3 causen demencia o deterioro cognitivo.

Se trata de un estudio observacional retrospectivo. Aunque los investigadores realizaron ajustes estadísticos y utilizaron emparejamiento por variables como edad, sexo, APOE ε4 y diagnóstico, siempre pueden existir factores que no fueron medidos.

Por ejemplo, podrían existir diferencias entre las personas que decidieron comenzar a tomar suplementos y aquellas que no los tomaron que no hayan sido completamente capturadas por el análisis.

Además, los investigadores no pudieron determinar con precisión durante todo el seguimiento la dosis exacta de omega-3, los períodos de suspensión o la adherencia al tratamiento.

Tampoco pudieron analizar adecuadamente si los resultados eran diferentes según el tipo específico de suplemento. Esto es relevante porque la mayoría de los participantes utilizaba aceite de pescado y los autores señalan que este puede ser particularmente susceptible a la oxidación.

Finalmente, la población estudiada estaba compuesta predominantemente por personas blancas y con un nivel educacional elevado, por lo que no sabemos hasta qué punto estos resultados pueden extrapolarse a otras poblaciones.

¿Cómo debemos interpretar este estudio?

El mensaje no debería ser:

“El omega-3 provoca Alzheimer”.

Tampoco:

“Hay que dejar de consumir pescado”.

El mensaje más razonable es mucho más sencillo:

No podemos asumir que tomar suplementos de omega-3 necesariamente protege al cerebro frente al deterioro cognitivo.

La evidencia sobre suplementación con omega-3 y cognición sigue siendo controvertida. Los estudios observacionales han mostrado resultados potencialmente beneficiosos, mientras que varios ensayos clínicos no han demostrado un beneficio cognitivo claro.

Este nuevo estudio agrega una señal que merece ser investigada, pero no cambia por sí solo todas las recomendaciones sobre omega-3 ni demuestra un efecto perjudicial causal.

¿Y qué pasa con comer pescado?

Es importante separar dos conceptos:

Consumir pescado como parte de una alimentación saludable no es lo mismo que tomar cápsulas de omega-3.

Este estudio analiza principalmente suplementación con omega-3, y no demuestra que comer pescado produzca deterioro cognitivo.

Por lo tanto, no sería correcto utilizar este trabajo para recomendar evitar el pescado.

¿Qué le diría a un paciente?

Una explicación sencilla podría ser:

“El omega-3 tiene propiedades biológicas interesantes y durante mucho tiempo se ha pensado que podría proteger al cerebro. Sin embargo, los estudios clínicos no han demostrado de forma consistente que tomar suplementos de omega-3 prevenga el deterioro cognitivo. Este nuevo estudio encontró una asociación entre suplementación y mayor velocidad de deterioro cognitivo, pero no demuestra que el omega-3 sea la causa. Por ahora, lo más importante es no asumir que un suplemento es necesariamente beneficioso solo porque es natural.”

El mensaje final

Este estudio es interesante precisamente porque cuestiona una idea que muchas veces damos por sentada: “si algo es bueno para el corazón, necesariamente será bueno para el cerebro”.

La realidad es bastante más compleja.

Los omega-3 cumplen funciones importantes en el organismo, pero la evidencia actual no permite afirmar que suplementarlos prevenga el deterioro cognitivo en personas mayores. Este nuevo trabajo incluso plantea una posible asociación desfavorable que deberá ser confirmada o refutada por estudios futuros, idealmente mediante ensayos clínicos bien diseñados.

Por ahora, no hay que caer ni en el “omega-3 es maravilloso” ni en el extremo contrario de “omega-3 es tóxico para el cerebro”.

La ciencia, como suele ocurrir, es bastante menos entretenida que Instagram: depende del contexto, de la dosis, de la población y de la calidad de la evidencia.

Referencias

  1. Liao ZB, Hu ZC, Zeng GH, Chen J, Li XP, Liu YH, et al. The association between omega-3 supplementation and cognitive decline in older adults. J Prev Alzheimers Dis. 2026;13:100569. doi:10.1016/j.tjpad.2026.100569.
  2. Quinn JF, Raman R, Thomas RG, Yurko-Mauro K, Nelson EB, Van Dyck C, et al. Docosahexaenoic acid supplementation and cognitive decline in Alzheimer disease: a randomized trial. JAMA. 2010;304:1903-1911.
  3. Dangour AD, Allen E, Elbourne D, Fasey N, Fletcher AE, Hardy P, et al. Effect of 2-y n-3 long-chain polyunsaturated fatty acid supplementation on cognitive function in older people: a randomized, double-blind, controlled trial. Am J Clin Nutr. 2010;91:1725-1732.
  4. Lin PY, Cheng C, Satyanarayanan SK, Chiu LT, Chien YC, Chuu CP, et al. Omega-3 fatty acids and blood-based biomarkers in Alzheimer’s disease and mild cognitive impairment: a randomized placebo-controlled trial. Brain Behav Immun. 2022;99:289-298.
  5. Tofiq A, Zetterberg H, Blennow K, Basun H, Cederholm T, Eriksdotter M, et al. Effects of peroral omega-3 fatty acid supplementation on cerebrospinal fluid biomarkers in patients with Alzheimer’s disease: a randomized clinical trial. [Referencia citada en el estudio].

¿Prefieres que lo adapte a un tono más divulgativo para público general o más técnico para profesionales de la salud?


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